¿POR QUÉ?

 

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La experiencia dentro del mundo del caballo concede al fotógrafo ecuestre la ventaja de saber de antemano cuándo, dónde y cómo enfocar con su cámara. Solo conociendo al caballo, anticipándose a sus movimientos, previendo sus momentos de máxima expresividad, un fotógrafo hípico es capaz de destacarlo y plasmarlo en cada una de sus fotografías. Mediante la sesión de fotos se extrae la esencia de la yeguada, inmortaliza momentos puntuales del evento ecuestre o materializa el recuerdo de un caballo a un particular.